Dietas en Navidad

Las comidas y cenas navideñas son un momento del año en que se suele tirar la casa por la ventana:

Manjares poco habituales en nuestras mesas en otras épocas del año se convierten en protagonistas indiscutibles de las recetas que degustamos.

Además, es tiempo de atracones y menús tan largos, que parece que la sobremesa no va a llegar nunca. Y a veces, las consecuencias de semejantes bacanales se traducen en:

indigestiones,

resacas,

subidas de colesterol

cifras de presión arterial disparadas.

No obstante es posible construir menús saludables a la vez que exquisitos, teniendo en cuenta algunas pautas nutricionales muy sencillas.

La primera tiene que ver con las cantidades: Comer bien y quedarse satisfecho no es sinónimo de ingerir alimentos hasta reventar. Se pueden crear menús con variedad de recetas, pero con cantidades poco abundantes que permitan probarlas todas y llegar al postre en condiciones de saborearlo.

Otro elemento del que se suele abusar en Navidad es el alcohol:  Siempre que no esté contraindicado por padecer alguna enfermedad, se puede tomar de forma moderada.

Es mejor elegir un buen vino, la ocasión lo merece, y beber uno o dos vasitos como máximo. Aunque el vino más saludable, por su riqueza en taninos, es el vino tinto, el cava y el vino blanco también son buenas opciones.

Es aconsejable eludir las bebidas de alta graduación alcohólica y evitar las mezclas.Tienen muchas calorías.

Por otro lado, conviene beber y comer despacio, masticando bien los alimentos, primero para saborearlos, y luego para aumentar la sensación de saciedad y mejorar la digestión.

Respecto al menú: Se debe tener cuidado con los entrantes.Es mejor que sean pocos y ligeros, sin demasiadas salsas ni aderezos.

Las setas son una buena opción: poseen fibra y apenas contienen grasa.

Para los platos principales, nada mejor que pavo o pollo, o algún pescado al horno, por ejemplo. Los primeros son poco grasos y ricos en proteínas de buena calidad, mientras que los pescados, sobre todo azules, resultan muy saludables, sobre todo para las personas que tengan alto el colesterol.

Se pueden aderezar con hierbas aromáticas, aceite de oliva o guarniciones suaves a base de verduras cocidas o preparadas, junto a la carne o el pescado. Conviene señalar que si el cordero tiene de 250 a 350 calorías por cada 100 gramos, el pavo no supera las 114, y el pollo las 110; las patatas fritas suman 264, mientras que asadas no van más allá de las 120 calorías.

Marisco: Rico en fósforo y potasio, necesarios para los huesos y el buen estado del corazón, uno de sus problemas son las alergias alimentarias.  Otro problema es su incidencia negativa sobre el ácido úrico elevado.

Los postres navideños, cabe señalar que realmente son muy calóricos (el turrón tiene 470 calorías por cada 100 gramos) y ricos en azúcar, pero no hay que renunciar a tomarlos si se hace racionalmente. Un trocito de turrón, un mazapán o un polvorón, representan una delicia propia de estas fechas.

Las infusiones pueden ayudar a mejorar la digestión: son conocidos los buenos efectos de la manzanilla y el poleo. También es posible optar por la centaura, que alivia la flatulencia al igual que el anís, y tener en cuenta que la cola de caballo y la alcachofera, poseen propiedades diuréticas que ayudarán al organismo a depurarse después de los excesos navideños.


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