La alimentación de la mujer en sus distintas etapas

La malnutrición puede comenzar antes del nacimiento y puede persistir a través de toda la vida. Por ello, se debería adoptar un conjunto de pautas saludables desde el nacimiento y durante la vida reproductiva de la mujer, para evitar daños en la salud que se harán patentes en el futuro. La recomendaciones de este curso dan importantes consejos sobre alimentación, seguridad alimentaria y hábitos dietéticos que promueven la salud de la mujer y del recién nacido.

El estado nutricional es el reflejo de la alimentación

La nutrición en la mujer es el reflejo de su alimentación durante su vida
Ya que la nutrición es un proceso que se va acumulando a lo largo de los años, y que en algunos casos no muestra sus consecuencias hasta mucho tiempo más tarde, en algunos casos estas deficiencias no se detectan hasta la siguiente generación.
Las deficiencias nutricionales a menudo comienzan antes del nacimiento y perduran durante toda la vida. Por ello, se deberían de adoptar un conjunto de recomendaciones desde el nacimiento y durante toda la vida reproductiva de la mujer para evitar daños en su salud que se mostraran patentes en el futuro.

Para las adolescentes y mujeres en edad reproductiva, es necesario que la ingesta de alimentos sea adecuada y que se administren los micronutrientes necesarios a través de alimentos fortificados o en forma de suplementos vitamínicos y minerales.
Recomendándose la lactancia materna por sus beneficios tanto para la madre como para el niño de forma exclusiva durante los seis primeros del recién nacido, como una forma de evitar infecciones y de proveerle de defensas. A partir del sexto mes de niño, se recomienda el incluir los alimentos de forma paulatina, para proveerle de las necesidades nutricionales que no se satisficieran con la lactancia materna.
En ciertos periodos, las mujeres tienen incrementados sus necesidades nutricionales, durante estos periodos se deberían de seguir las siguientes recomendaciones :

La adolescencia (entre los 10-19 años):

Las buenas prácticas durante los dos primeros años de vida del niño reduce enormemente el riesgo de que la niña alcance la edad madura con problemas de peso, los cuales repercutirían en problemas ginecológicos y de partos con niños de bajo peso al nacer. El retraso en la edad del primer embarazo es una forma de evitar recién nacidos de bajo peso.
Las niñas durante la adolescencia experimentan un rápido crecimiento físico y maduración sexual, únicamente superado por el crecimiento que tiene lugar durante el primer año de vida de la niña. Este crecimiento suele tener lugar entre los 12-18 meses antes de la primera menstruación (entre los 10-14 años) y continúa hasta 7 años después de la menarquia.
La dieta de las adolescentes debe de ser rica y variada. Por ello se debe de aumentar el consumo de alimentos para cubrir las necesidades alimentarias durante la época de crecimiento más rápido “el estirón” y crear reservas para el posterior embarazo y lactancia materna. Recomendándose el consumo de frutas y verduras a diario, también el consumo de alimentos de origen animal y sal yodada.
Se recomienda el consumo de alimentos ricos en hierro, o suplementos vitamínicos. Durante la adolescencia, los requerimientos de hierro son más altos por ser una edad de elevado crecimiento físico y por la menstruación.
Muchas jóvenes tienen un bajo consumo de micronutrientes, lo que les ocasiona deficiencias a lo largo de su vida reproductiva. Tratar únicamente la deficiencia de un solo micronutriente puede resultar poco efectiva, porque las interacciones entre los diversos micronutrientes darían como resultado una mala nutrición.
Tal es el caso del Hierro y el zinc que se suelen encontrar presentes en los mismos alimentos, generalmente de origen animal. Por lo que se recomienda, el tratar las múltiples deficiencias que la mujer pueda tener, y evitar por tanto futuras deficiencias durante el embarazo y la lactancia.

La alimentación durante el embarazo:

El peso promedio que una mujer aumenta durante el embarazo es de 10 kg, aunque en países subdesarrollados (Sudeste Asiático), la ganancia de peso sea solamente la mitad.
Para al principio del embarazo seria recomendable que la mujer supliera su dieta con 200 kcal. al día. Ejemplo de 200 kcal/día puede ser:
Una naranja pequeña, un cuarto de guisantes salteados y una taza de arroz.

En países en vías de desarrollo las deficiencias de hierro en la alimentación de la mujer son muy comunes. Dando como resultado una alta prevalencia de anemia. Se considera que la anemia afecta a 50 millones de mujeres embarazadas y a 320 millones de mujeres no embarazadas. Observándose las tasas más elevadas de anemia en mujeres de la India, Indonesia y Pakistán, y las tasas más bajas en los países desarrollados y Estados Unidos.
Se recomiendan la administración diaria de suplementos de ácido fólico y Hierro.
Algunos micronutrientes y vitaminas se encuentran en alimentos que pueden resultar de difícil acceso para la mujer embarazada. Si la mujer no puede consumirlos, las carencias pueden llegar a ser importantes por lo que se recomienda la administración de complementos nutricionales.
Las deficiencias en ácido fólico durante el primer trimestre del embarazo, puede ocasionar al feto daños en el tubo neural, tales como la espina bífida. Estos defectos son prevenibles por la administración diaria de 0.25mg a 0.4 mg. de ácido fólico, en forma de comprimidos o alimentos fortificados durante los seis primeros meses de embarazo.

Se recomienda incrementar los aportes de hierro, principalmente durante el segundo y trimestre del embarazo, porque es durante este periodo cuando el feto, la placenta y el volumen sanguíneo de la madre es mayor.
Estudios realizados en embarazadas muestran que el aporte de hierro de la madre al feto es de unos 300 mg. Por lo que se recomienda que durante los dos primeros trimestres del embarazo el suplemento de hierro sea de 60 mg. al día, y posteriormente en el tercer trimestre de unos 120 mg. al día.

La alimentación de la mujer durante la lactancia materna:

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Comer el equivalente a una comida extra diaria, se recomienda que la dieta de la mujer durante la lactancia materna sea de aproximadamente 2700 Kcal por día, es decir unas 500 Kcal más por día que una mujer no embarazada y no dando de mamar, lo cual equivaldría a una comida más al día.
Si una mujer se encontraba por debajo de su peso antes del embarazo, se recomienda un incremento de 650 Kcal al día durante los 6 primeros meses de la lactancia materna.
Las madres con una buena alimentación y con niveles de grasa almacenada adecuados producen una leche con un mayor contenido en grasa más alto; Por lo tanto, sus hijos necesitan succionar menos para obtener la suficiente energia. Estos niños también reciben aportes de vitaminas y sales minerales.
Se recomienda mantener niveles adecuados de vitamina A y hierro . Las mujeres con riesgo de bajos niveles de vitamina A, se recomienda la administración diaria de una cápsula de vitamina A (200.000 UI) entre el día del parto y 8 semanas después del parto, para mejorar la calidad de la leche materna y reducir la morbilidad maternal.
Se recomienda el administrar suplementos de hierro a mujeres que durante la lactancia materna sufran deficiencias provocada por una pérdida de hierro.
Por el contrario, los niveles de proteinas en la leche materna no están relacionados con el estado nutricional de la madre. La alimentación con lactancia materna puede ser satisfactoria para el niño, pero la madre va a ver comprometidos su propia salud y su estado nutricional. Unicamente bajo condiciones extremas de ayuno, la composición de proteinas y de energia de la leche materna se ven afectadas significativamente.
Durante el intervalo entre el cese de la lactancia materna y el siguiente embarazo.
Se recomienda un intervalo mínimo de 6 meses para reconstruir y reemplazar la energia y las reservas de micronutrientes que se hubieran agotado durante el anterior embarazo y lactancia.
Los freqüentes embarazos aumentan el riesgo de la madre de mal nutrición, el espaciamiento entre embarazos beneficia tanto a la madre como al hijo. Un niño nacido en un periodo inferior a dos años desde el último embarazo, tiene el doble de riesgo de morir antes de los 5 años que un niño nacido después de los dos años.

Alimentación del niño a través de la lactancia materna

Incrementar la ingesta de alimentos para apoyar el crecimiento fetal y la futura lactancia. Una mala nutrición durante el embarazo perpetúa el ciclo cerrado de la malanutrición. Aproximadamente un 19 por ciento de los niños nacidos en países en desarrollo son de bajo peso al nacer. Entre las causas de niños con bajo peso al nacer se encuentra la baja ingesta calórica de la madre y baja ganancia de peso durante el embarazo.
Las deficiencias en micronutrientes de la madre se reflejan en bajas concentraciones de vitaminas y sales minerales del grupo I en la leche materna. Si la madre tiene déficits de nutrientes del grupo I (vitamina A, vitamina B1 (también llamada Tiamina), vitamina B2 (o riboflavina), Vitamina B6 (o piridoxina), Vitamina B12 (también conocida como cianocobalamina), yodo y selenio, el resultado son concentraciones más bajas en la leche materna y por tanto un efecto negativo en la salud del niño.
Aumentar el consumo de frutas, verduras y alimentos de origen animal. La alimentación de la madre puede aumentar la concentración de estos nutrientes en la leche materna, mediante un aumento del consumo de frutas, verduras, alimentos de origen animal, alimentos enriquecidos en estos nutrientes o bien por tomar suplementos vitamínicos y de sales minerales.
Por el contrario, el aumentar los niveles de nutrientes del grupo II tienen más ventajas para la madre que para el recién nacido. Al administrarse micronutrientes del grupo II (vitamina D, ácido fólico, calcio, hierro, cobre y zinc) a la madre, bien a través de los alimentos o por tomar suplementos vitamínicos y de minerales, tiene poco efecto sobre las concentraciones de estos micronutrientes en la leche materna. Estos micronutrientes mantienen sus concentraciones en la leche materna a través de los depósitos que tenga la madre almacenados en su organismo. Por lo que el aumentar la ingesta de estas vitaminas y minerales, tienen un mayor efecto beneficioso para la madre que para el recién nacido.

Daños ocasionados por deficiencias de micronutrientes:
-Acido Fólico. En la madre provoca aumentos en el riesgo de anemia. La anemia severa puede provocar incrementos del riesgo de hemorragia durante el parto, y se ha estimado que un 20 por ciento de las muertes durante el parto son atribuibles a la anemia.
La deficiencia de ácido fólico también puede ser la causa de partos prematuros, y por lo tanto ocasionar en el niño, bajo peso al nacer y daños neurológicos.
Yodo. La deficiencia en la madre produce una reducción de la capacidad física por causar aletargamiento y fatiga, y también reducción de la capacidad mental.
Es causa importante de bocio, debido a que la falta de yodo impide la síntesis de las hormonas tiroideas (triyodotironina y triyodotiroxina).
En el niño su déficit también puede ser causa de aborto espontáneo, nacimiento del niño muerto, daño en el desarrollo cerebral, cretinismo y malformaciones congénitas.
-Hierro. En la madre incrementa el riesgo de muerte por hemorragia, aborto espontáneo, estrés laboral, y otras complicaciones durante el parto.
Su déficit provoca baja capacidad y productividad laboral. Aumenta la fatiga y la apatía. Por último provoca una bajada de las defensas frente a infecciones.
En el niño incrementa el riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y mortalidad infantil.
-Vitamina A. En la madre el déficit de esta vitamina provoca daños en el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de enfermedades severas.
También es causa de problemas en la cornea, ojo seco y ceguera nocturna. Incrementa el riesgo de anemia (por la mala utilización de hierro), aumento del riesgo de infecciones y mortalidad materno-infantil.
En el recién nacido, puede ser causa de bajo peso al nacer y de aumento del riesgo de anemia.
-Zinc. En la madre incrementa el riesgo de hemorragia intra- y postparto, y de hipertensión.
En el recién nacido, aumenta el riesgo de aborto espontáneo, bajo peso al nacer, retraso en el crecimiento del feto en el útero materno, y deformidades.

Recomendaciones para mejorar la nutrición en cualquier edad :
La mujer debe de estar en el peso correspondiente a su edad. Si el peso de la mujer está por debajo de lo normal, se le recomienda aumentar la ingesta de alimentos para proteger la propia salud de la mujer y establecer reservas para un posterior embarazo y lactancia materna.
El consumo de productos de origen animal debe de ser adecuado a su edad. Los alimentos de origen animal son excelentes fuentes de proteínas, grasa y micronutrientes. Sin embargo, en algunas poblaciones el consumo de alimentos de origen animal puede verse reducido por el elevado coste económico que supone.
Diversificar la dieta, aumentando la calidad de los nutrientes ingeridos. El consumo diario de frutas y verduras debe se aumentarse, para proveer al organismo de vitaminas A, C y B6, además de calcio. El consumo de vitamina C además ayudaría a la absorción de Hierro.
Uso de alimentos enriquecidos en vitaminas y minerales (por ejemplo, el consumo de sal yodada, azúcar enriquecido en vitamina A, harinas enriquecidas en hierro), pueden ser necesarios para cubrir las necesidades mínimas de la persona y mejorar el estado nutricional de la mujer en periodos en que puede haber una disminución de estos niveles (crecimiento durante la adolescencia, menstruación, embarazo y lactancia materna).
Algunos micronutrientes están concentrados en solo unos pocos alimentos. Si la mujer no es capaz de acceder a ellos, las carencias pueden llegar a ser importantes sino se administran suplementos vitamínicos o se fortifican los alimentos con ellos.
Deficiencias en micronutrientes contribuyen a una baja nutrición en la mujer, siendo causa de mortalidad materno-infantil, ceguera y retraso mental. Otras deficiencias podrían ser reducción de la capacidad intelectual, laboral y productividad.
Evitar la anemia. La anemia causada por bajo aporte de hierro en la dieta, puede ser disminuida si se realiza una adecuada provisión antes del embarazo, permitiendo prevenir problemas en el recién nacido.

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